06 junio 2016

CUANDO LUCIANA DURANTI BAJA DE LA NUBE

Afectada todavía por el Jet-lag que sufre tras su largo viaje desde Vancouver (Canadá) hasta Valencia, donde iba a inaugurar las VII Jornadas de la Asociación de Archiveros Valencianos, Luciana Duranti no duda en animarse para dar su primer paseo por la ciudad. Pocas horas después de aterrizar en el aeropuerto de Manises, Duranti no se muestra cansada, pero sí le cuesta un poco ubicarse tras su periplo profesional por Rusia y Noruega. Después de su estancia en Valencia la esperan en Marsella, París, Barcelona, Bruselas, Pretoria… Hasta el 3 de diciembre, cuando ha vuelto a casa y a su trabajo en la British Columbia University. Duranti Mercat Central _menuda Al visitar la Lonja de Valencia, poco a poco va situándose, reencontrándose: deja de pensar y hablar en inglés para recuperar su italiano materno (nació en Roma -1950-) y empieza a identificarse con el gótico y con la estética medieval que Valencia comparte con otros lugares de Italia, país que abandonó a los 26 años para trasladarse a Canadá. Del templo medieval de las finanzas valencianas pasamos al Mercado Central, el templo modernista de las verduras y las frutas. Duranti admira los tenderetes llenos de colores: le entra hambre. “Uva, mañana compraré uva, porque la que llega a Vancuver viene de California y no sabe a nada”. Esta archivera, considerada como una de las máximas autoridades mundiales en la investigación de soluciones para la gestión y conservación de documentos digitales y directora del programa internacional InterPARES, tiene un carácter muy abierto, es amable, divertida, encantadora. Así es Duranti cuando baja de la “nube” (cloud computing), el repositorio virtual de documentos que centra sus investigaciones. El paseo por Valencia se hace muy agradable, pero tenemos que volver a la nube, y sobre esto charlamos mientras comemos una sencilla ensalada en el barrio de Carmen. ¿A qué conclusiones ha llegado tras 20 años de investigación sobre la conservación de los documentos digitales? Cuando en Vancouver empezamos a tratar el problema de la conservación de los documentos electrónicos, entendimos que la única forma de resolverlo era establecer una teoría que nos ayudara a encontrar soluciones prácticas. La tecnología cambia tan rápidamente que hace falta una teoría sólida para resolver los problemas que se generan. En nuestro trabajo en el Departamento de Defensa de los Estados Unidos planteamos la necesidad de crear el primer estándar de iure [válido legalmente, aceptado jurídicamente], que fue el DOD 5015.2, adoptado por el Gobierno Federal de los Estados Unidos en 1997. En el mundo occidental había otros sistemas de gestión de facto, pero nuestro modelo fue finalmente aceptado realmente como “el estándar”, el estandar de facto, incorporado al Moreq2. La principal conclusión es que los principios que inspiraron este primer estándar son todavía válidos. Es decir, la teoría todavía es válida. Naturalmente, lo que cambia es la manera en que la teoría se implementa en situaciones que son completamente diferentes, con tecnología y tipos de documentos totalmente distintos. No se puede hablar de una solución que valga para todo. Esto lo hemos descubierto en muchos estudios de campo, en los que hemos visto que organizaciones de tipos y contexto similar han obtenido resultados satisfactorios haciendo cosas completamente diferentes. La cultura de cada organización o entidad tiene un valor enorme, y por eso es muy importante estudiar primero como es cada organización, quién tiene que hacer uso de la tecnología, qué tipo de preparación necesita, cuáles son las prioridades… Esto es el primero que se tiene que hacer antes de introducir cualquier tecnología. No se puede introducir un sistema de trabajo que la gente no sepa o no quiera usar, porque todo serán problemas. Otra conclusión es que los archiveros y académicos no pueden iniciar una investigación sin principios teóricos firmes. Y la tecnología cambia con tanta velocidad que la investigación tiene que estar incorporada en las actividades cotidianas de la conservación de documentos. Los archivos no pueden esperar a que otros resuelvan sus problemas. Son los mismos archivos los que tienen que colaborar en la mejora de la tecnología, en encontrar soluciones a los problemas propios. Y es muy importante, además, asumir que las soluciones son siempre dinámicas. La teoría es válida, pero el modo en que esta teoría se implementa cambia continuamente. Todas las soluciones son específicas, es decir, están adaptadas a las condiciones particulares de las organizaciones donde van a ser aplicadas. En resumen, las soluciones no son tecnológicas, son procedimentales, políticas y culturales. ¿Es la nube segura? ¡Claro que no! Nuestra próxima investigación se centra en los documentos en internet. Puede haber proveedores generales que no son institucionales, como por ejemplo Amazon, Google o Microsoft, pero puede haber proveedores que trabajen para ti. Es  una cuestión de control del sistema, sostenibilidad, continuidad y fiabilidad. Cuando tú coges un avión no vas a entrevistarte con el comandante de la nave, porque te fías de él. Con los proveedores de la nube tiene que pasar lo mismo: no necesitamos entrevistarnos cada vez, nos tenemos que fiar. Pero en este momento, todavía, los datos sensibles, los datos que tienes que conservar permanentemente no los metes en internet. No se filtrará aquello que no quieres que se filtre. ¿Qué repercusión tienen sus investigaciones en la vida cotidiana de la gente? El impacto es directo e indirecto. El directo se refleja en los documentos que ofrecemos con instrucciones, por ejemplo, para aquellos que no quieran perder sus fotografías familiares. Son una serie de recomendaciones prácticas que sirven tanto para archiveros como para dentistas, periodistas… aquellos que tienen que conservar sus datos. Y el indirecto es que nuestras recomendaciones se convierten en estándares válidos para todas las organizaciones, y mejora el trabajo de todos los que las integran. No nos dimos cuenta del enorme impacto de nuestro trabajo hasta agosto pasado, cuando nuestro servidor fue atacado por hackers. Lo cerramos durante 20 días para buscar todas las medidas de seguridad para que esto no volviera a pasar. Durante estos 20 días, nos llegaron centenares de mensajes procedentes de todo el mundo: “¿Qué pasa?”, “Dónde están los documentos?”, “Nuestra organización no funciona sin vosotros!”, nos decían. Porque nuestros productos tienen muchos usos, se emplean en facultades no sólo de archivística sino también de ciencias de la computación, o para diseñar módulos de formación para cursos, asociaciones, archivos… ¿Cuál será el futuro de los archivos más pequeños y modestos que no pueden hacer frente al avance tecnológico? Sólo hace falta un poco dinero y un poco de experiencia con la tecnología. Todas las personas o archivos pueden hacer descargas y hacer uso de nuestro sistema InterPARES. Además, está disponible en todas las lenguas. Podemos colaborar con todos. Se pueden digitalizar los materiales y meterlos en la nube. El problema de la nube es que es fácil subir las cosas, pero imposible quitarlas. La nube es peligrosa excepto si se tiene una nube propia. Por ejemplo, los archivos valencianos pequeños se pueden poner de acuerdo con un proveedor para crear una nube adecuada, pagar a esta persona o empresa para que se dedique a ello, que controle el servidor, etc. ¿Y que pasará en países como Italia o España, en continuo proceso de recortes en recursos? ¡No se puede recortar en estos recursos! Se pueden reducir otros servicios, pero no la inversión en la conservación de documentos, porque si no se perderán, se perderán los datos, la transparencia, el funcionamiento del sistema. ¡Es totalmente imposible! Entrevista realizada per Esperança Costa
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